Aquí os traemos la guía de esta apasionante aventura
gráfica de la compañía Kheops Studio. En este juego, nos meteremos en el papel
de la aventurera Mina, que sufre un naufragio, yendo a parar a una isla en
medio del Pacifico Sur. Su objetivo será de encontrar la manera de salir de la
isla, ayudándose de los múltiples objetos que se irá encontrando.
Regreso a la Isla Misteriosa nos ofrece la libertad de
poder solucionar problemas y construir objetos de diferentes maneras. No
siempre tienes que seguir los pasos de la guía. Aquí te damos una base para
salir airosos de la isla, pero probad e investigad las múltiples opciones que
te ofrece el juego. Disfrútalo.
CAPÍTULO 1: ¿Dónde demonios estoy?
Mi nombre es Mina, soy una navegante y después de
sufrir una fuerte tormenta en unos de mis viajes, sufrí un naufragio y llegué a
parar a una isla desierta, o por lo menos eso parecía, ya que tenía la extraña
sensación de que me vigilaban. A continuación os contaré cómo salí de allí…
Tras despertarme, decidí buscar comida, ya que me
sentía bastante débil. Cerca de un acantilado, divisé a un extraño ser, asomado
a lo que parecía una cueva. Le pedí ayuda, pero, de repente, desapareció. Cerca
de allí, me encontré una llave oxidada, sería de aquella criatura. En un nido
próximo, me las apañé para conseguir un huevo de pájaro. De vuelta en la playa
me encontré con unas algas húmedas y cerca había una charca repleta de peces.
Necesitaba una caña de pescar, pero necesitaba algo para construirla.
A unos metros de allí, había unas palmeras. Cuando me
dirigí hacia ellas, en la arena vi unas huellas, como si alguien hubiera
enterrado algo. Me puse a excavar y, efectivamente, encontré dos huevos de
tortuga y un cofre. Con la llave oxidada abrí el cofre, y dentro encontré unas
monedas de plata y un telescopio dañado.
Continué con mi camino. En unas rocas encontré un poco
de liquen (lo cogí). Había más huellas en la arena y dos huevos más. Menudo
festín me iba a dar. ¿Qué era eso, un puerco espín?, estaba muerto y unos
cangrejos le estaban sacaban las tripas. Decidí cogerlo todo, incluido los
cangrejos, junto a unas palmas, un enorme coco verde y otro maduro. Tras
asegurarme de que no había nada que sirviera para mi caña, emprendí mi búsqueda
en otro sector de la isla.
Por el acantilado me encontré con un camino que parecía
subir. Tal vez allí encontraría lo que buscaba. Manos a la obra. Me encontré
con unos gusanos. Tenía hambre, pero no para esto. Los cogí. Tal vez me
sirvieran para algo. A unos metros me hice de una placa de metal. Ya arriba
pude conseguir una rama y una yesca. Pude observar unas piezas de metal fijadas
en la pared, ¿para qué servirían? El camino estaba bloqueado por unos troncos,
los cuales, con lo débil que estaba, nunca los podría mover. En un rincón de la
playa, localicé el lugar perfecto para hacer un fuego y fue allí donde conseguí
un sílex y una piedra arenisca. Cerca de una estructura de madera, que me
recordaba a una barca hundida, utilicé la piedra arenisca, para partir el palo
más alto, consiguiendo una madera a la deriva y un metal oxidado, el cual, al
utilizarlo junto al sílex, conseguí un encendedor. Lo único que necesitaba para
un buen fuego, seria el liquen y las palmas.
Hora de comer, cociné los huevos, los cangrejos y una
ostra que hallé en las rocas de la charca. Me seguía sintiendo débil.
Rápidamente me acordé de los cocos. Utilizando la piedra arenisca y la placa de
metal, pude fabricar un cuchillo. Ya podía pelar los cocos. Del maduro, saqué
unas fibras de coco. Después de esto, me los comí. Seguía sin ser suficiente.
Necesitaba pescar, pero no tenía caña. Tenía la rama bifurcada, las fibras de
coco y los gusanos. Me faltaban unas espinas de acacias dobladas. Éstas las
conseguí cortando, con el cuchillo, una rama de acacia que encontré en un
arbusto cercano. Una vez conseguidas las espinas, las eché en el fuego y éstas
empezaron a doblarse. Con todo esto fabriqué la caña. Me resultó fácil pescar
los peces. Estaban deliciosos. Era hora de buscar vida en la isla.
CAPÍTULO 2: Explorando la isla
Con las fuerzas recuperadas, me dirigí, al lugar donde
los troncos bloqueaban el camino. Con la ayuda del cuchillo, corte una parra
delgada que colgaba. Arriba conseguí un trozo de palmera joven y seguí mi
camino.
En un cruce de caminos cercano, encontré una planta de
color blanca, la cual resultó ser hibisco. Con ésto, pude fabricar una fibra de
hibisco. En este punto observe una columna de humo que se elevaba en el cielo.
Rauda y veloz me dirigí a ese lugar con la esperanza de encontrar a alguien. Lo
único que encontré allí fue una posa de agua térmica, y una serpiente. En un
árbol próximo alcance a ver una pequeña marca. Justo cuando me disponía a
investigarla, la serpiente me atacó. Tuve que deshacer la caña de pescar y con
la rama bifurcada pude atrapar la serpiente, pudiendo ir, por fin, hacia el
árbol. Necesitaba el cuchillo para poder profundizar la marca. De ésta salió un
líquido blanco. Parecía ser goma. Llegó la hora de dejar en libertad a la
serpiente, no sin antes coger, justo detrás de ella, una planta medicinal.
Continué mi camino hacia la izquierda, por donde llegué
a un puente derrumbado. Fue en ese lugar donde con la ayuda del cuchillo, me
hice con una planta narcótica. Llegué, de nuevo, al cruce. Me dirigí al lugar
que me quedaba por explorar. El camino opuesto a la columna de humo. No muy
lejos de aquel lugar me encontré con otra bifurcación. Un gran alboroto me
sobresaltó. ¿Qué era todo ese escándalo? Mi decisión esta vez me condujo a la
izquierda. Sólo encontré un arce. A la derecha había una estructura. Al
acercarme, pude ver que eran los restos de una escalera. Visto que no podía
subir, opté por otro camino, no sin antes hacerme de unos piñones y un molde de
ladrillos.
En el camino central, colgado de un árbol, vi un
espantapájaros. Le quité unos trapos sucios. Después cogí del suelo unos
limones, unas naranjas y unos granos de trigo, los cuales tuve que cortar para
cogerlos. Giré hacia la derecha y unos monos empezaron a lanzarme piedras. Tuve
que continuar por la senda que quedaba libre. Al final de ésta, había un lago.
Equipado con el cuchillo pude conseguir varias cosas: un trozo de bambú
mediano, unos tallos delgados, también de bambú, medula de saúco y un trozo de
corteza de sauce. Del suelo, me hice de un trozo de bambú grande y un poco de
arcilla, de la orilla del lago.
Sólo me quedaba encontrar la manera de vencer a los
monos. Con la rama bifurcada y la goma fabriqué un tirachinas. Tras la batalla,
proseguí con mi labor. Me apoderé de unos leños, junto a un viejo horno roto.
En una casa derrumbada cogí otro molde de ladrillos. Al fondo de ésta, había un
mono herido. Decidí ayudarlo. Necesitaba un vendaje. Yo tenía un trapo, pero
estaba sucio como para poder utilizarlo, así que me dirigí hacia un lago
cercano, donde vi al viejo arce. Lavé todos los trapos y rápidamente fui a
curar al mono. Lo llamé “Jep”.Moldeé la arcilla para fabricar cerámica. Para
cocerla necesitaba arreglar el horno. Decidí coger mas arcilla. Me dirigí al
lugar donde había encontrado la arcilla. Llené los moldes. Decidí coger un poco
más de arcilla para lo que me hiciera falta. Necesitaba fuego para cocerlos. El
único que había estaba en la playa. Al llegar a ésta, divise una foca (la
cogí).
De vuelta en el horno, utilicé los ladrillos cocidos.
Lo único que necesitaba era hacer un fuego. Los troncos, la yesca y el
encendedor, fueron suficientes. Reparé el fuelle con la piel de la foca y
guardé, para más tarde, la grasa y los tendones que sobraron. Con la suficiente
temperatura, cocí la cerámica, consiguiendo unos botes. Jep, seguía enfermo y
no podía comer. Un poco de agua le vendría bien. Así que fui a cogerla. Le
añadí la planta medicinal. Sólo necesitaba cocinar la mezcla. Me dirigí a la
posa térmica y lo cocí. Se lo di a Jep y se puso mejor. Ya le podía dar de
comer. Le di unas naranjas y unos piñones y nos fuimos a dormir.
CAPÍTULO 3: Mi nuevo amigo
Descansé toda la noche. Me desperté sobresaltada.
Acababa de tener una pesadilla. Mi próxima misión sería ayudar al Capitán Nemo,
con la ayuda de mi amigo Jep.
Mi búsqueda comenzó en un molino cercano. En el suelo
encontré un tenedor de madera, uno de metal y una tela fuerte. Al estirar de la
tela, tiré, sin querer, un cofre. En su interior hallé unas monedas y un poema
escrito en el reverso de la tapa. Junté las monedas que acababa de encontrar
con las que tenía en mi poder, con un trapo limpio, un trozo mediano de bambú y
un limón, consiguiendo una pila volta. Al fin pode cargar la batería de mi
móvil.
En el interior del molino no encontré nada. Al salir de
este tropecé con una piqueta (que cogí). El molino tenía un aspa dañada. Para
poder arreglarla necesitaba que, el mono que sujetaba las aspas, las soltaras y
las dejara girar. Le di a Jep unas uvas que había cogido de unas ramas que
había en la pared, al lado del cofre que había tirado. Jep se las ofreció al
mono como si de un regalo se tratara. Arreglé el aspa con el trozo de tela
fuerte. Las aspas no podían girar ya que, la barra que sostenía el eje, estaba
oxidada. Para poderla engrasar, necesitaba grasa. Se la di a Jep y éste se
subió y la engrasó. Ahora podía moler el trigo y conseguir un poco de harina.
Me dirigí hacia las escaleras derrumbadas. Tenía que
arreglarlas. Tuve que arreglarlas desde abajo. Una vez allí, le di a Jep un
cuchillo y éste cortó una parra, que colgaba de la copa de un árbol. Con esto
pude fabricar unas escaleras que me sirvieron para poder subir a una cueva que
había en el acantilado de la playa. Con la ayuda de Jep, otra vez, pude subir a
la cueva. Una vez allí encontré lo que buscaba. El cuerpo del Capitán, que
debía de llevar varios años allí abandonado. Junto al cuerpo hallé una llave
misteriosa, un traje de buzo y una partitura musical. En un nido, próximo a la
puerta, me apoderé de unos huevos de pájaro. La cueva estaba dividida en dos
sectores: uno muy oscuro y otro un poco iluminado.
Del iluminado pude coger varias cosas: unas mechas y
una camisa, que encontré en un cofre, de la mesa de la derecha, unas varillas y
un tubo, unas fotos y, de debajo de una losa de piedra, una nota de papel. De
al lado del cañón, una bala y pólvora endurecida. En una estantería, unas
tablas, granalla de hierro, un destornillador, un martillo, unos clavos y un
rollo de alambre, y del suelo una cadena. En el fondo había una caja con carbón
vegetal, un tanque, una yesca y una caldera (cogí estos objetos).
Fabriqué un ataúd gracias a los clavos, el martillo y
las tablas. Sólo me quedaba encontrar la manera de poder bajar el ataúd, con el
cuerpo, a la playa. Até el ataúd, con una cuerda que había en una polea.
Gracias a ésta pude bajarlo y enterarlo. Cuando finalicé la tarea, el fantasma
del Capitán Nemo, apareció de nuevo. Esta vez, hizo que me fijara en unas
rocas. Me dirigí hacia ellas y una voz me dijo “un regalo para ti”. Se refería
a una ostra gigante. Con la ayuda del cuchillo la abrí. De su interior, extraje
la mayor perla que había visto en mi vida.
CAPÍTULO 4: Sin saber qué hacer
Mientras en mi móvil llegaban las noticias de mi
naufragio. No sabía como salir de la isla. Mientras que pensaba en una solución
me dirigí hacia las palmeras que había en la playa. Un nuevo coco verde había
caído en la arena.
Decidí investigar, de nuevo, la cueva. En los nidos,
que había junto a las escaleras, observé que había unos nuevos pájaros. Éstos
se asustaron con mi presencia y dejaron caer un huevo y una pluma (cogí ambas
cosas). Dentro de la cueva, con la grasa y una mecha, hice una lámpara de
aceite. La coloque en un saliente que tenía restos de cera en la pared y se
ilumino la cueva. A la izquierda de la entrada apareció una nueva parte de la
gruta. Me dirigí hacia allí. En el suelo, hallé un pasadizo. Del fondo de esté
me llegó algo parecido a un grito, que asustó a Jep. Antes de bajar, cogí de
una estantería un poco de azufre, ácido sulfúrico, una linterna y un proyector
roto. En la pared pude leer un mensaje que escribieron unos antiguos náufragos.
Bebí y me lleve un poco de agua de un pequeño estanque.
Abajo me fijé que, detrás de la escalera, había
salitre. Decidí coger un poco. Después me apoderé de un depósito de aire y de
un casco. En ese momento apareció, detrás de mí, un monstruo. Pude escapar por
los pelos. Otra de las partes que se iluminó, en la cueva, era un pasillo.
Caminé por él y encontré un fusil y otra linterna. El final estaba tapiado.
Utilizando la piqueta derribé el muro. El camino quedó libre y me llevó a una
zona conocida. Cerca estaba el arce que vi anteriormente. Cogí un poco de
sirope de arce, con ayuda del cuchillo.
Me dirigí a la playa. Justo en el momento que iba a
subir de nuevo a la cueva, un mono cortó mi escalera. Éste no permitía que Jep
la volviera a colocar. Rápidamente di un rodeo y entré por la salida que
acababa de aparecer en la cueva a través del muro que había derrumbado. En el
camino sonó mi móvil. El mono apareció en mi camino. Necesitaba distraerlo, sin
hacerle daño. Con un poco de harina, agua, huevo, sirope y limón hice una
tarta. La horneé en el horno cercano al molino. Regresé a la cueva y le di la
tarta al mono, con la ayuda de Jep. No tenía nada que hacer en la cueva.
Me acordé de la zona del puente derrumbado. Tal vez
allí encontrara algo que me ayudara en mi aventura. Le di Jep una escalera.
Éste, astutamente, fabricó un puente. En el otro lado, me estaba esperando otro
mono. Tiré un trozo de bambú grande a la charca, explotando y así lo asusté. Me
encontré con una jaula rota y restos de hulla (los cogí). Más adelante localicé
sulfato de hierro y potasa. Arreglé la linterna con la pila volta. Con ésta
arreglada, el casco, el depósito de aire y el traje de buzo, obtuve el kit
completo del traje de buceo.
Antes de seguir mi aventura, necesitaba darme un baño.
Utilicé las algas secas en el horno e hice sosa. A su vez la uní a la grasa,
logrando tener un poco de jabón y glicerina. Mientras estaba en el horno,
alcancé a ver un nido en el techo de la caseta. Le pedí ayuda a Jep, y éste me
dio un huevo. Una vez me había bañado en el lago, estaba lista para volver a la
cueva. Me hice de una lente usando el cuchillo en el telescopio. Usé las fotos,
la linterna, el proyector roto y la lente que tenía en mi poder, para poder ver
unas imágenes en una tela blanca que colgaba de la pared.
Con el traje de buceo ya podía investigar el laguito de
la cueva, pero necesitaba deshacerme del tiburón. Cogí el puercoespín y con el
cuchillo le quité las púas. Le introduje la planta narcótica para hacer un cebo
drogado. Con las púas, el mimbre y las plumas fabriqué flechas. Fabriqué un
arco pelando la hoja de la palmera con el cuchillo. El resultado lo uní a la
fibra de hibisco, obteniendo el arco. Bajé, y le di el cebo al monstruo. Éste
se durmió y mi camino quedó libre.
CAPÍTULO 5: Derrotando a los guardianes
Aparecí en la cubierta de un submarino. En el suelo
accioné un botón. En ese mismo instante empezó a sonar una alarma. Salieron
unos robots del interior del submarino. Tuve que huir. De vuelta a la cueva
reparé, que estaba completamente rodeada de más robots. Necesitaba algo para
deshacerme de ellos. Con la camisa, los tallos delgados de bambú y el alambre
fabriqué una cometa. Con las dos ollas que tenía y un serpentín que encontré
debajo de la mesa que había al lado del fuego de la cocina, fabriqué un alambique
y lo coloqué en la cocina. Hice fuego debajo de la cocina (con el encendedor,
la yesca y el carbón vegetal). Mezclé el ácido sulfúrico con salitre y lo
calenté en el alambique. Conseguí ácido nítrico. A su vez lo mezclé con
glicerina, obteniendo nitroglicerina. La mezclé, a su vez, con una mecha y con
arcilla, consiguiendo dinamita. Por otra parte, como tenía más ácido nítrico,
lo uní a un trapo limpio y al resto de ácido sulfúrico. Obtuve un piróxilo. No
era pólvora, pero me serviría. Junté la granalla de hierro, el piróxilo y el
fusil, llegando a completar éste.
Caminé hacia la entrada del lago. Utilicé el fusil y
destruí al primero de los robots. De los restos cogí un propulsor y una llave
estropeada. Continué hacia el molino. Cerca había otro robot. Repetí la técnica
y me hice con otro propulsor y otra llave. En el molino pude moler la pólvora
solidificada que tenía. Al lado del puente reconstruido había otro robot. Le
disparé y le quité lo mismo que a los anteriores. En el camino que había cerca
de la playa, unos cañones me cortaron el paso. Le di a Jep el destornillador.
Éste abrió la tapa del mecanismo. Ideé un código para recordar la combinación,
por si más tarde la tuviera que volver a utilizar. Tenía que pulsar una vez
cada botón y el orden era: 1, 6, 7 y 9. Los cañones se desactivaron.
Al pasar me encontré con un robot que estaba estropeado
en la arena. En el cielo había otro robot haciendo guardia. Necesitaba
destruirlo. Debía de ser el que vi desde la cueva. Volví hacia la cueva y
cargué el cañón con la pólvora y la bala. Tras unos intentos lo derribé. Bajé a
la playa y pude coger otro propulsor del robot. Decidí investigar la playa por
si había más robots. Efectivamente, cerca de las palmeras había uno. Lo destruí
y le quité el propulsor y una llave. Intenté averiguar qué le pasaba al que
estaba estropeado. Le desbloqueé mediante un codificador. El código era una
mezcla de números con el nombre del submarino. Cada número correspondía con el
orden en el que estaban las letras del nombre. (N=1, T=4, S=8, etc…) Sólo
necesitábamos que el código que tuviera el robot estuviera compuesto por las
letras Nautilus. Una vez desactivado le quité otro propulsor.
Regresé al submarino. En la cubierta había un robot
haciendo guardia. Subí y le disparé. Para abrir la escotilla necesitaba una
llave. La que yo tenía, la vacié con la ayuda del destornillador. Aún
necesitaba algo, así que le quité los cristales a las llaves estropeadas, con
el destornillador, y se los añadí a la buena. Usé la llave en la cerradura.
Apareció un nuevo codificador. Éste necesitaba que a la cifra que apareciera se
le sumara 1860.
CAPÍTULO 6: En el interior del Nautilus
Una vez dentro del submarino le pedí a Jep activara una
palanca que había en la derecha. Lo subí a un propulsor llegó sin ningún
peligro. Una puerta se abrió. El camino estaba derrumbado. Utilicé dos
propulsores para levantar una pasarela que estaba caída junto a una puerta.
Arrimé una viga y el camino quedó listo. En la puerta me encontré un puzzle.
Tenía que formar la letra N. Una vez abierta la puerta, en su interior había un
pasillo con un gran agujero en el suelo, desde el cual podía divisar una
habitación. Estaba muy alto, así que decidí bajar por la escalera que había
debajo de la pasarela que acababa de elevar. Encontré una puerta con un
decodificar. El código estaba compuesto de números y letras, que se turnaban
para que yo los pudiera elegir (Número: tenía que formar la cifra 1860; letras:
tenía que elegir, de entre las que me ofreciera, alguna de las que formaran la
palabra Nautilus. (No importaba que se repitieran varias veces algunas de las
letras).
En la habitación me encontré con un robot. Éste, al
contrario que los anteriores, no tenía la intención de atacarme, ya que creía
que yo era el Capitán Nemo. En una caja fuerte, a la izquierda, pude ver otro
puzzle. Tenía que formar la letra N, rodeada de un círculo justo en medio del
puzzle. En la vitrina de en medio, quité una viga enorme de encima, pudiendo
descubrir un hueco libre. Coloqué la perla negra gigante que tenía en mi poder.
Antes de investigar toda la habitación, cogí una nueva perla de debajo del sofá
que había en la izquierda. Si tenemos un poco de arcilla, le podemos dar a Jep
un poco y pedirle que nos consiga un molde con la fecha de las armas que están
justo detrás del robot (ésto es opcional, pero sirve para ganar puntuación).
Tras investigar la habitación, me dirigí al piano. Puse la partitura y escuché
la melodía.
Tenía dos opciones para demostrarle al robot que yo era
el capitán Nemo:-Tocando el piano (necesitábamos numerar las teclas negras, que
funcionaban de izquierda a derecha, con los números del 1 al 7; y las teclas
blancas, que marchaban de izquierda a derecha, del 1 al 9). La melodía que
debía tocar era: 5 6 4 2 6 5 6 4 “2” 6 5 6 4 “1” 6 6 9 4 6 1 2 “5 7 3 5 1 2”
Nota: los números en comillas serían las teclas negras.
• En el fondo del Océano por... Caballito de mar
• Este aparato milagroso, es un aliado precioso…
Sextante
• Desde el agua se parece elevar… Libélula
• Dónde están los que me adoraron… Cetro Azteca
• Cuánto tiempo y distancia… Cronómetro
• Esta concha marina, aún sin ser… Janthina
• Qué correspondencia desde tan lejos… Cofre de metal
• Capitán, descubriría a esa extraña… Esponja
• Tienes 5 dientes para pastar… Erizo de mar
• Cuando su contenido se vuelve brumoso… Barómetro de
agua
• Daba de marfil en filas… Dientes de tiburón
• Los Océanos decoras con… Coral
• Pino, olmo, roble doble… Porra aborigen
• En su funda carmesí descansa… Perla negra gigante
• Un animal salvavidas de marinos… Delfín
• De todos los seres que adornen… Pez espada
• Sus hermanas titilantes brillan… Estrella de mar
• El maestro respetado del más grande... La poética de
Aristóteles
• Su más preciada pertenencia, dijeron… Cuadro
• Otra vez hallado 500 años después… Porcelana china
• En su concha va flotando… Argonauta o Nautilus
• Su superficie plateada que pesa… Barómetro de
mercurio
Por fin conseguí que el robot desactivara el escudo
protector. Pude llamar a mi madre e indicarle mi posición. Sólo tendría que
esperar a que llegara el helicóptero para rescatarme…